Un momento delicado

Dicen que estamos en un momento delicado… ok. No es falso, pero no aporta nada.  
Dicen que estamos en un momento histórico...en mi opinión, falso. Cuando menos, cuestionable.
El mundo sigue y dudo que en 1,000 años, ni el más erudito se acordará de estos días.

Sin embargo, estos días, semanas, meses, que estamos viviendo son los nuestros. Llenos de pasión, temores, tristeza y alegría. Probablemente como miles de momentos que nuestros antepasados han vivido y nuestros descendientes vivirán. Pero éstos, los estamos viviendo, padeciendo y sufriendo nosotros, y por lo tanto son para nosotros únicos, importantes y significativos.

El problema catalán (que si realmente queremos que Catalunya sea parte de España deberíamos empezar a llamarlo el problema español), cuando se compara con otros problemas contemporáneos, como la superpoblación, la desigualdad, el acceso a la educación y sanidad, las presiones migratorias, la inestabilidad de oriente medio, las guerras (y sus amenazas), el hambre, el cambio climático y un largo etc… es sin duda, un problema de occidente, un problema “pijo”, que sólo se da en sociedades que viven a cierta altura en la pirámide de Maslow.

Esto no quiere decir que no sea real o importante. A corto plazo seguro que nos afecta mucho más que la mayoría de los problemas mencionados, pero es útil recuperar una perspectiva que, con la intensidad con la que estamos viviendo las últimas semanas, es demasiado fácil olvidar.

En esta serie de blogs voy a evitar debates históricos sobre si Catalunya tiene o no derechos históricos adquiridos que justifican o no su independencia. Creo que para ello ya hay historiadores de ambos bandos bien preparados y documentados diciendo y justificando exactamente lo contrario. Este es un debate que no me interesa.

Tampoco voy a dar por válido el argumento muy usado en ambos bandos de que la otra parte está manipulada.
Muy a menudo cuando hablo con amigos independentistas, el debate deriva en una negación de la mayor, ya que no hay duda que estoy totalmente desinformado e influenciado por Madrid y sus medios, y las premisas de mis argumentos son falsas porque estoy manipulado.
Casualmente, cuando participo en similares debates con amigos no independentistas, el resultado es el mismo ya que en este caso se alega unos medios catalanes y una escuela pública totalmente entregados a la causa (hablaremos más sobre este tema), negándome la validez de mis argumentos de partida porque “ya te han comido el coco”.

Cuando en un debate se parte de una posición de deslegitimación de la otra parte debido a un desprecio de cualquier punto de vista contrario al propio, justificado por una manipulación subyacente, se hace imposible enriquecer la conversación o progresar en propuestas de acercamiento, a la vez que se niega cualquier empatía a planteamientos diferentes.

Mi punto de partida es que todos estamos influenciados por lo que leemos, por lo que vemos y lo que queremos ver. Tendemos a leer los medios que más se identifican con nuestra visión de un problema, seguimos a las personas que nos parecen que tienen sentido común (que frecuentemente conjugan con nuestras ideas), buscamos datos que refuerzan lo que a priori ya pensábamos, etc…
En resumen, todos estamos manipulados y hasta cierto punto tenemos una visión limitada y sesgada de la realidad, pero admitirlo y ser consciente de ello es el principio para construir algo distinto y orgánico.  

Finalmente, no soy equidistante, mi posición está clara, no soy nacionalista, de ninguna tierra, ni Catalán, ni Vasco, ni Español. Soy contrario a la independencia, me parece un paso hacia atrás, y me entristeceria que Catalunya se independizara de España. Soy partidario de que se vote, con acuerdo entre las partes, un referéndum legal y acordado, con información clara y objetiva de hechos que acontecerían en una posible independencia. Información sobre pensiones, salud, protección social, pertenencia a la UE, aranceles, libertad de movimiento de las personas, etc…
Para votar es importante entender no sólo la pregunta, sino las consecuencias, y, si bien es verdad que nunca se puede saber a ciencia cierta todas las ramificaciones de una decisión, sí que hay certezas que se pueden y deben compartir antes de pedir el voto para algo tan trascendental y con impacto para generaciones venideras.

Sin ser nacionalista, ni independentista, he estado toda mi vida muy expuesto a tesis nacionalistas e independentistas, desde mi nacimiento y juventud en Bilbao, hasta hoy día,   casado con una persona que cree firmemente en la independencia de Catalunya y con muchos amigos que están convencidos de la necesidad de la misma.

En esta serie de blogs, voy a intentar dar voz y empatizar con sentimientos y realidades que subyacen a estas personas que quiero, aprecio y admiro, pero con la intención de reflejar un punto de vista diferente que ayude a construir puentes y refuerce las relaciones entre personas respetando una diferencia ideológica que bien enfocada no debería separarnos sino ayudarnos a crecer como personas y a aprender de la gente que nos rodea.

En el próximo blog, entramos en materia y compartiré mi perspectiva sobre el nacionalismo como idea, porqué me inquieta y porqué, el concepto en sí, especialmente en los países desarrollados con un alto nivel de vida, me causa mucho recelo y desconfianza.

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